El Guardián del Abismo

Percibí una atmósfera fúnebre en los susurros de pasajeros refiriéndose a un cuerpo que se lanzó al vacío la semana pasada al momento que desde la ventana de la buseta observé en medio de las montañas la Piedra de los Suicidas y unos segundos después apareció la majestuosa Caída del Salto del Tequendama. Me bajé del bus y contemplé durante un tiempo la caída del agua como infinito bucle de flujos abismales y emociones desbordadas.

 

En seguida entré a la Casa Museo del Salto del Tequendama en cuyo recorrido conocí al Loco Harry Warner, como así lo llamaba la guía del museo, en una fotografía que tenía la siguiente leyenda:

 

Sobre una cuerda floja en el abismo de más de 160 metros de altura

el acróbata canadiense Harry Warner

cruzó el Salto del Tequendama. Año de la fotografía

17 de noviembre de 1895. [1]

 

Fue entonces cuando vi el más bello acto poético en la imagen, se trataba de un cuerpo que parece flotar en medio de la bruma del abismo. Ese hermoso gesto hizo que mi percepción del Salto del Tequendama cambiara, ya no lo veía del mismo modo, ahora ante el abismo de más de 160 metros había quedado grabado en mi mente una línea. Ya no era este un lugar de fúnebre sino un lugar de actos heroicos en el que Harry Warner afirmó la vida al atravesar el vacío. Pensé que a cambio de la virgen que está al lado de la piedra de los suicidas mejor debería estar la imagen del loco Harry Warner, el equilibrista que se resiste a la muerte y prefiere luchar con las fuerzas de su cuerpo para no caer.

El equilibrismo como lo afirma (AUSTER, 2000) no es un arte mortal, sino un arte vital, de una vida vivida con plenitud; lo que equivale a decir que la vida no se esconde a la muerte, sino que la mira directamente a los ojos”. El acto heroico de Harry Warner presume de valentía, fuerza, del poder de una capacidad en la que el peligro esta disuelto por la belleza del espectáculo, Harry Warner es el guardián del abismo al ahuyentar la muerte con cada paso que dio en medio del vacío.

 

En la imagen el loco Harry Warner con un mínimo de recursos está atravesando el abismo salvado por una cuerda de metal lo bastante firme y delgada para que las oscilaciones que se producen en este espacio vertiginoso no le propicien la caída. Su gravedad sin peso tiene el secreto de la levedad al hacer que su cuerpo se deslice en el aire con precisión porque conoce de la fluidez de los movimientos para alcanzar la perfección en su acto.

 

El correo nacional del 19 de noviembre de 1895 escribió: “Pasó de pie sobre la cuerda hasta la mitad del salto: allí se volvió de espaldas y regreso a donde había salido (…) Volvió a pasar la cuerda, deteniéndose a la mitad del salto; allí tomo la balanza báculo en una mano, y con la otra saludó a los atónitos espectadores; después se sentó en la cuerda, se arrodillo y se acostó en ella (… luego se levantó). Y siguió de espaldas (…) En esta última operación, M. Warner se enredó en el cable y estuvo a punto de perder el equilibrio, pero inmediatamente se repuso”.[2]

Pero antes de su gran espectáculo tuvo actos fallidos. Primer acto:  El Loco Harry “tuvo serios problemas para fijar el cable y nadie pudo ayudarlo, porque no le entendían una sola palabra. A las 10 de la mañana logró amarrar el cable de un lado del río Bogotá, pero después de pasar a nado cuatro veces, con sobretodo, camisa, pantalones, botas y sombrero, notó que el cable era demasiado corto” . Ahí estaba él con voz extranjera pidiendo ayuda para poder cruzar el vacío, pero no se podía comunicar con los demás, necesitaba del otro como aliado para poder realizar su hazaña.

 

Acto 2“Warner no logró solucionar el percance hasta el día siguiente, pero ese sábado cometió otro error: olvidó del otro lado las poleas e instrumentos para templar el cable. Como no quería nadar más, se aventuró a pasar por la cuerda, destemplada y mojada por la caída de agua. Para empeorar las cosas, comenzó a llover y la neblina se hizo más espesa, pero Warner pasó por segunda vez, con los instrumentos al hombro, y terminó la labor a las 3 de la tarde, muy cansado como para comenzar el espectáculo.” [3]

 

Acto 3 “Por fin, cuando el público se había cansado de esperar, el equilibrista atravesó el salto del Tequendama el domingo 17, a las 11 de la mañana. Lo vieron unos cuantos campesinos y seis caballeros de Bogotá” [4]. Estos actos revelan que el equilibrio es la sucesión de actos fallidos.

 

Harry Warner evoca un impulso de energía, lleva consigo el impulso vital, así hunde su vara en el aire con las dos manos, receptivo a la energía de los dioses que habitan el Salto del Tequendama y activo en su movimiento horizontal evocando que su capacidad de actuar está en la travesía iniciática de la locura y la muerte.

 

El loco Harry Warner es el Guardián del Abismo, sinónimo de inestabilidad, locura, liberación, delirio, energía divina, necesidad de actuar, movimiento, afirmación de la vida, equilibrio, domador de fuerzas reactivas y activas.

 

Notas de pié de página:

[1] Pie de foto  de Harry Warner, Casa Museo del Tequendama, Soacha.

[2] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12305453

[3] Ibid.

[4] Ibid.