Atravesando el Vacío: intentos para no caer

La obra propone una escultura de audiovisión en la cual los sonidos del agua cayendo a diferentes velocidades y el rayo se propagan en el vacío para producir una imagen. La presencia del sonido tiene un propósito y es el de hacer una composición sonora mediada por el movimiento de los cuerpos en el espacio, sonido que desvía la línea de su trayectoria produciendo oscilaciones en la imagen. Con la tensión avivada por el movimiento, la línea se comporta como una onda de crestas vertiginosas y valles profundos, con longitudes de onda cada vez menos espaciados que corren el riesgo de volverse enredos.

El trayecto lineal de la imagen puede cambiar con fuertes oscilaciones que conducen el extravío de la línea. Con la tensión, la línea se comporta como una onda de crestas vertiginosas y valles profundos, con longitudes de onda cada vez menos espaciados que corren el riesgo de volverse enredos.

Atravesando el vacío: intentos para no caer

Evoca la posibilidad de movimiento en el vacío a través de una línea que oscila como alegoría de una trayectoria de incertidumbre que nos abisma. Está inspirada en la fotografía de Harry Warner, el equilibrista que cruzó el Salto del Tequendama en 1895, que comparte a través de la imagen una sensación de incertidumbre de quien camina. La línea del equilibrio le pertenece al funambulista pero en ella también está el caos, la distorsión y la caída al vacío. La línea recta une los abismos a lugares inaccesibles, también está la línea que une una ciudad con otra con el fin de dar paso, entonces es la traza de la línea un punto de unión con otro.